sábado, 26 de junio de 2010

Sin mis libros me sería imposible vivir y sin mis gatos, también. Los libros no aúllan ni los gatos proporcionan sabiduría, por eso no podría elegir. Preferiría entonces vivir sin mí.
Carlos Monsiváis
(1938-2010)

viernes, 18 de junio de 2010

Dos palabras sobre su tránsito mortal, para él bastan dos palabras, o ninguna, quizá sería preferible el silencio, el silencio que ya lo envuelve a él y nos envuelve a nosotros, un silencio de las dimensiones de su espíritu…lloramos al hombre que la muerte nos lleva, y con él la pérdida del prodigio de su convivencia y la gracia de su presencia humana, sólo al hombre, es duro decirlo, pues a su espíritu y a su poder creador, a ésos les dio el destino una extraña hermosura inmortal.
José de Sousa Saramago
(1922-2010)

martes, 8 de junio de 2010

BEATRIX

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1. Nunca he concluido la Divina Comedia de Alighieri; nunca la he leído por completo. 2. He leído, por otro lado, grandes extensiones del Paraíso, considerables cantos del Infierno y el Purgatorio, fragmentos de La Vita Nuova; he leído más de un ensayo o reseña o nota o cometario respectivo a la obra. 3. No obstante, mi primera aproximación a Dante, que probablemente es lo mismo que decir: a la obra de Dante –al Dante que se desdibuja entre la escultura, el cincel y la mano artista–, fue gracias a un cómic. 4. Gracias a una de esas historietas mexicanas de corte juvenil que la extinta Editorial Novaro –editorial sepultada bajo las editoriales extranjeras y el terremoto del 85– publicó durante los 60, y que mi abuelo materno compraba, en parte para él mismo y en parte para lectura de sus hijas; y que, con el suceder del tiempo, en su mayoría, se fueron almacenando, empolvando, desapareciendo. 5. Las reseñas temáticas, las figuras biografiados en tales publicaciones –las cuales aparecieron bajo el sello de colección: Vidas ilustres, si mal no recuerdo–, enmarcaba lumbreras tan disímiles, que en su espectro aparecen nombres oscilando entre Modigliani y Oparín, Cicerón y Lloyd Wright, entre Bach y Harold Hardy. 6. Pues bien, un número de dichas publicaciones –ya extraviado– correspondía a la vida/obra de Dante. Número que yo leí a los ocho o nueve años; y que ahora imagino en alguna caja de cartón, en algún basurero, pudriéndose –como le sucederá a todas las cosas– en la humedad y la inmundicia, nutriendo a la amnesia y a las polillas. 7. ¿Qué es lo que recuerdo de la lectura de aquella publicación? Poco. Recuerdo el infierno, la morbosidad que las imágenes del infierno causaron en mi percepción infantil. Recuerdo, en menor medida, a Beatriz –al fantasma platónico que es Beatriz–, cuya fascinación producida en Dante, a tal edad, seguramente apenas consideré. 8. Otra aproximación: un delgado librillo infantil de forros blancos, titulado: Historias de Dante (ALIGHIERI, Dante. La Divina Comedia. Adaptación por Mary Mcgregor. Biblioteca juvenil Porrúa. 2ª. Edición. México D.F. 1997. 101 pp. Rústica); el cual todavía reposa en algún anaquel junto a Robinson Crusoe, los cuentos de Poe, de Perrault, de Moliere y otras lecturas tempranas de la misma editorial. 9. Las ilustraciones contenidas, de José Segrelles, sin llegar a extraordinarias, son sobresalientes. Una imagen particularmente rescatable: Beatriz, vestida de azul claro, y Dante, ataviado de rojo, montados en un cumulonimbus encumbrándose hacia el Paraíso, la mirada rigurosa al destino, los manos estrechadas en una plegaria, la ambarina luz Empírea depurando sus rasgos. 10. Una tercera aproximación: una antigua pieza fílmica del cine italiano mudo: L’inferno, de 1911, dirigida por Francesco Bertolini y Adolfo Padovan, protagonizada por Salvatore Papa. La versión vista es una restauración hecha en 2004, en la cual, el grupo alemán Tangerine Dream ejecuta una lograda banda sonora. 11. Pese a la época en que se realizara la película, sus efectos, su fotografía, su estética –inspirada en los cuadros de Doré–, permanecen efectuando su propósito: detrás de escenas tales como el torbellino de los lujuriosos, la parlante cabeza degollada de Bertrand de Born, o de Lucifer mismo, mordisqueando perennemente a Judas, cual si este fuese Prometeo encadenado, se deslizan la incertidumbre, la maquinación de la demencia, el aparente horror abandonado por el arcano designio de un demiurgo ciego. 12. Beatriz –puesto que la temática se centra en el primer tercio del extenso poema– aparece escasamente en el filme, apenas, en su celestial luminiscencia, para encomendar a Virgilio su faena; sin embargo –al igual que sucede con la vida/obra del poeta– su cardinal importancia, su sutil omnipresencia es marcada desde el principio y para todos los cantos sucesivos.13. Después de esto ya no hay aproximaciones. Después de esto sólo queda lo mucho o poco que de la Comedia –de la lectura y crítica de la Comedia– haya subsistido en mí. 14. Para continuar hacía la principal línea argumental proyectada en éstas páginas, probablemente sea necesario, tenuemente, desencaminarme algo más –probablemente no, pero lo haré de todas formas–, intentando esbozar al bosquejo que de por si ya es Beatriz, de tanto en tanto, según Dante ¿Con esto me refiero a esbozar directamente a la Beatriz de Dante? No, ello no sólo me sería estrictamente imposible –sino también pedante–; lo que haré –lo que pretenderé hacer–, será desde la especialidad visual, desde la apreciación pictórica, es decir: el bosquejo del bosquejo que otros han plasmado del bosquejo de Dante. 15. Imagen primera: Beata Beatrix (1872) de Dante Gabriel Rosseti: Una mujer al instante de su muerte. Una mujer que es menos la fallecida Beatriz de Alighieri que la fallecida Elizabeth de Rosetti, no por eso menos bella: el rostro en el rictus de un éxtasis, en el umbral de un beso imposible. Un petirrojo coloca en sus manos interfectas una amapola –la flor de los suicidas–. En lo tácito: la metamorfosis. El reloj solar marcando las nueve. 16. Imagen segunda: Dante and Beatrice (1883) de Henry Holiday: El templado caudal del Arno bajo el puente de Santa Trinita. El encuentro casual del poeta con su dicha, quizá, el segundo. Beatriz, de blanco, entre dos mujeres: ésta de rojo, aquella de azul. Dante absorto todo en Ella, desorientado todo en Ella; pero Ella, la única, no lo mira. La mano izquierda de él, arrugando sus ropajes, a la altura del pecho. Un dolor aparente. Ya se sabe: el dolor que todo lo embellece, lo abarca y lo consume.17. Imagen tercera: Beatrice adressing Dante (1824-1827) de William Blake. El Paraíso terrenal. Dante en presencia de la alegoría: La procesión: El carruaje y el Grifo. Las bailarinas/virtudes: ataviadas cual rameras. Los profetas: ominosas criaturas, apocalípticas. Sus alas, como tentáculos, análogas a las ruedas del carruaje: plagadas de ojos y de rostros, deformados. La Musa, en mitad del lienzo: a su izquierda las Escrituras, a su derecha el camino indicado. La Musa aquí impalpable. La Musa aquí espectral. El observador se percata: Los colores, la amorfía en una intensidad como una esquizofrenia; palidece la Musa y todo lo engullen. Donde debía hallarse la armonía dogmática, ya queda la entropía dogmática. Queda el espanto. Quedan los garabatos anómalos de un dios que es niño y que está loco. 18. Poco, poquísimo importa objetivamente –pese a lo que declaren la larga tradición de exégetas, que son legión; empezando por Bocaccio– el hecho de que Beatriz –la etérea plenitud Beatriz, la Summa virtum Beatriz– llegara o no a existir. Poco o nada importa que, presuntamente, en el campo de lo real, su nombre fuera Beatrice di Folco Portinari, hija de Folco di Ricovero Portinari, nacida en Florencia hacia el 1266 y cariñosamente llamada ‘Bice’, que contrajera nupcias con el banquero Simona dei Bardi en 1287, que muriera el 8 de Junio de 1290 y que –repito: presuntamente– su sepulcro se halle bajo la iglesia Santa Margheirita dei Cerchi. 19. ¿Qué importa, entonces, en Beatriz, real o imaginaria? Los elementos que la platonizan, que la glorifican por detrás del velo, de los acertijos y los silencios: El uno es la hermosura; el otro, el rechazo. 20. Borges, quien leyó todo y lo sabía todo y que a veces escribía como los dioses, o, en cualquier caso, como los voceros de los dioses, dedica los últimos dos de sus Nueve ensayos dantescos (1982) a exponer la ignominia tras la belleza de Beatriz, o, dicho de otro modo: la belleza contenida en la ignominia de Beatriz, del ideal consumado e inasible que es Beatriz. Una Beatriz que, hipotéticamente debería corresponderle a Dante, y que termina desairando a Dante. Para demostrarlo, Borges, hace uso de los cantos XXIX (vigésimonono) al XXXIII (trigésimotercio) del Purgatorio y del XXX (trigésimo) al XXXII (trigésimoprimero) del Paraíso, extrayendo dos escenas: 21. En la primera –la misma que en la acuarela de Blake–, Alighieri, rodeado de un paisaje que pese a estar plagado de simbolismos no aminora su monstruosidad anacrónica, pierde a Virgilio, inmediatamente, tiene su primer encuentro ultraterreno con su Dama. Éste encuentro termina siendo todo, menos romántico: Así, su Dama no tarda en mostrarse irónica y mordaz, severa e imperiosa hacia su devoto, sin mostrar reparo en enumerarle, con un tono que por descontado es de reproche, todas las faltas y agravios cometidos por él tras la muerte de ella. En la segunda escena –cíclica, sospechosamente reiterativa a la primera–, una vez alcanzada la ‘Rosa Eterna’, la Dama se separa del flanco del poeta para ocupar su lugar correspondiente, lejos del poeta. Ella, prontamente sustituida por el anciano Bernardo, se esfuma, de esta manera, para siempre. 22. Borges, con privilegiada certeza, no duda en comparar las contradicciones de dichos versos con las contradicciones oníricas: Así, deseosos soñamos con una recompensa hacia la cual, en el fondo, nos creemos indignos; tal duda, con facilidad, con premura, convierte el sueño en pesadilla. “En la adversidad –señala Borges– soñamos una ventura y la íntima conciencia de la imposibilidad de lo que soñamos basta para corromper nuestro sueño, manchándolo de tristes estorbos” 23. De un recorrido a través de las páginas de The Western Canon (1994) de Harold Bloom –quien no ha leído todo, pero casi, y que sin duda ha leído con encomiable aplicación a Dante y a Borges–, podemos extraer diversas definiciones, diversos enfoques de la figura de Beatriz. Bloom –a quien sin embargo parece fascinarle el quedarse con la última palabra– utiliza sus múltiples lecturas de Charles Williams, de Giambattista Vico, de Ernst Robert Curtius, de John Freccero, de George Santayana, de Leo Spitzer; exponiéndonos o evocándonos o trasluciéndonos a la Beatriz-Metafísica. La Beatriz-Gnosis lírica. La Beatriz-emanación del Topos uranus. La Beatriz-objeto ideal del deseo enaltecido. La Beatriz-engranaje cardinal de una cosmogonía, de un orden jerárquico, que excede la cristiandad. Todas ellas dispuestas con el fin de probarnos la complejidad y la perfección del platonizado Eros dantesco, sin el cual la Comedia no sólo seria una mutilación; sería, tal vez, una inexistencia. 24. Del libro de Bloom, todavía más, diametralmente, podemos extraer un pensamiento, a mi parecer, capital: “La idealización del amor perdido es una practica humana casi universal; lo que se recuerda a lo largo de los años es una posibilidad perdida para el yo, más que la persona amada.” 25. Para amar como Dante –aún en la modernidad; aún apartando la semilla del Stil novo, contagiada tempranamente por Guido Guinzelli y Guido Cavalcanti– sobra con presenciar, en pocas circunstancias: una o ninguna, a la mujer más hermosa y más esquiva del mundo; con intuirla y jamás conocerla. 26. Amar como Dante –el poeta orgulloso por antonomasia–, no sólo es profesar hacia el ser amado una Sublimación y una Apoteosis; es también profesar un Masoquismo. 27. Una muestra: Alighieri –sus prologuistas e intérpretes se afanan en recordárnoslo– era docto en Literatura clásica, Teología, Astronomía, Filosofía, Astrología, Retórica inclusive en Aritmética y Geometría: De tal modo, la numerología simbolista bajo la cual traza su obra puede ser cualquier cosa, menos sencilla: Así, podemos mencionar, por ejemplo, la importancia en la Obra del número tres: Tres son las partes en que la Comedia se divide, y que arquitecturan su Universo. Tres, los elementos que constituyen la Divinidad. Tres, las Virtudes teologales Tres, las bocas de Lucifer que perennemente mastican. Tres, también incumbe al número de componentes del alma, según Platón; al número de Leyes, según San Agustin; al número de actos del intelecto, según Tomas de Aquino. El largísimo Opus mágnum del italiano, no es sino un profuso conjunto de tercetos. Tanto como sus múltiplos: 9 (3x3) son los círculos principales en las regiones que edifican su cosmografía; también: la edad que Dante y Beatriz tenían en su primer encuentro. 18 (3x6) la edad del segundo encuentro. 24 (3x8) la edad del fallecimiento en ella. 33 (3x11) ya se sabe: el número de cantos fundamentales en la Divina Comedia. 42 (3x14) el número de capítulos de La Vita Nuova. 28. Toda esta escatología, todo éste pitagorismo casi cabalístico, paradójicamente, llega, por instantes, a antojarse tan supersticioso como inútil. Insuficiente le es a Alighieri su vasta erudición –él, consciente, lo oculta; con pericia, con soberbia lo oculta–. Exiliado, enfermo, pobrísimo, condenado a la hoguera en su ciudad, condenado a la hiriente piedad ajena fuera de ella, muerta su amada, perdida para siempre su amada. Sí: ha ganado la inmortalidad, pero no ha poseído la dicha. 29. Todo lo que es Dante, Beatriz es su causalidad y reacción, su epifanía que todo lo quintaesencia. De manera que si él es poeta, teólogo o enamorado, ella integra una Literatura, una Ética, una sublevación, una pasión idolatra y, todavía, algo que le excede, algo que se le escabulle. 30. “Io speroi dicer di lei quello che mai non fue detto d'alcuna [Espero decir de ella lo que jamás se ha dicho de ninguna. Capítulo XLII]” dice Alighieri, casi al final de La Vida Nueva, a propósito de su dama. “La bellezza ch'io vidi si trasmuda / non pur di là da noi, ma certo io credo / che solo il suo fattor tutta la goda [La belleza que en ella vi no sólo está fuera del alcance de nuestra inteligencia, sino que intuyo que su Creador es el único que puede comprenderla. Paraíso XXX. 19-21] dice, casi al final de la Comedia. 31. Negar, que inconmensurable, escandalosa, desproporcionalmente Dante –Dante que se casó con Gemma de Manneto, que tuvo al menos tres vástagos, que ejerció la Política y el destierro, que buscó y halló temporal refugio en arcaicos volúmenes de escolásticas y grecolatinas– amó a las dos Beatrices: la real –quien lo desairó, negándole el saludo; quien, hija de banquero, se desposó con un banquero, quien muriera en la flor de su juventud, habiéndole dirigido, penosa parquedad, apenas cierta frase casual en su breve existencia–; y la ideal: –quien es menos una amante que una rigurosísima deidad, quien lo nombra tan sólo una solitaria ocasión, en todo el ciclópeo poema, quien lo abandona, sin el menor consejo ni advertencia, ante la contemplación celestial– sería, honestamente, un acto de blasfemia. 32. ¿Porque Beatriz, creación y simbolismo, finalmente, de Dante, fue para él la Totalidad, el infinito, mientras que él para ella fue apenas nada, menos que nada: la sombra impugnada, el objetivo de sus vituperaciones? Idealizar una mujer, inverso a lo que pueda especularse, no conlleva ventura. La mujer idealizada, en su aparente perfección, tiene la inexistencia por ventaja, sin embargo, ello no significa que pueda ser más gentil y piadosa, menos juiciosa y exigente que la real: todo lo contrario. Nunca nadie es lo bastante digno a la mujer idealizada. Dante, –que fue Dante Alighieri y que acaso fue el mejor poeta del Medioevo y que escribió la Comedia y que revolucionó la lírica y que consagró litúrgica pasión–, tampoco puede serlo. 33. “Enamorarse es crear una religión cuyo dios es falible” explica Borges, casi aparentando casualidad, a mitad de uno de sus ensayos ¡Cuánta razón tenía!

miércoles, 31 de marzo de 2010

Los caminantes









...y el silencio, retumbando como un vacío sordo, inquieto, escalando tras sus pasos, por entre las piedras y las ramas rotas, teñidas de atardecer, de una aridez que se mecía como soledad y pensamientos...

viernes, 26 de marzo de 2010

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Hoy es un cardo
que crece en mi boca
Un sabor a miel y arena
a virutas de resina
a lata de V8 con defecto de fabricación

El cardo se acurruca en mi paladar
se abraza a mi lengua
Mis encías que ya no son mis encías sino las espinas y los pétalos

Hoy es 450 mg. de seconal sódico a medio digerir
… una cosquilleo arropado en el cuello
… una carta de Bukowski en 1963
… una canción de Tom Waits con estática desde los audífonos
… (casi) la escafandra que Kafka jamás contempló

durante un alba boreal de primavera

Todas las muertes que he muerto al ver morir a un laberinto

Hoy, lo sé, es un silencio sin rasgar que ya jamás podrá rasgarse

El cardo crece
Ya: al fin: lo engullo

lunes, 1 de febrero de 2010



—Cuando salga por esa puerta, tal vez exista sólo en la mente de los que me conocen... Puedo ser una cáscara de naranja.

Jerome David Salinger
(1919-2010)