martes, 3 de enero de 2012

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Tiene la noche una manija,

Una aldaba y un umbral dispuesto,

Una puerta con cerradura sin pasador.

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Tiene la noche una manija,

Una esfera diminuta,

Roja y brillante y hermosa,

Una promesa del oleaje al traspasar el cementerio

De labios sellados y elefantes ciegos.

Una esfera que se estremece

Como un gato o un recién nacido,

Como un vientre cuya fiebre se derrama al tacto,

Bajo una sonrisa sutil,

Bajo un gesto

De rompecabezas

Entre la oscuridad mullida

Y sorda

Y hueca.

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La esfera se rompe entre los dedos,

Su perfume nos quema, semejante al horror y a la embriaguez,

Asomados, ya, al borde trémulo del abismo,

Al sollozo del éxtasis insomne.

La noche, desdentada, asoma púas y cadenas

Nos viste

Y no nos abandona,

Murmurante, nos conduce…

Espantados, descendemos.

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